Vipassana: 9 días sin hablar para calmar la mente

El mes de abril de 2016 asistí a un retiro de meditación el que una de las reglas es no hablar durante 9 de los 10 días que dura. Ni hablar, ni comunicarse no verbalmente con nadie, aparte de con los asistentes o con el profesor en caso de dudas. También supuestamente tienes que mantener el silencio mental todo lo que puedas. El objetivo de este silencio es justamente mantener la mente tranquila y libre de pensamientos, practicando el estar en el aquí y el ahora, es decir, lo más presente posible.

 

¿Cómo surgió la idea de asistir a este retiro?

Hace casi dos años mientras asistía a un curso de cocina vegetariana, unas compañeras de clase comentaron algo sobre un curso de meditación en el que tenías que estar 9 días sin hablar. El tema salió porque estábamos haciendo un ejercicio que consistía en comer sin hablar y sin mirarnos para poder estar concentrados en los sabores, las texturas y estar presentes en el acto de comer. Era un ejercicio de presencia, o como también se le conoce: el mindfullness (estar presente y consciente de lo que sientes).

La verdad es que cuando dijeron lo de pasar 9 días sin hablar me asombré bastante y pensé que debía de ser muy duro. De hecho, me pareció  una locura, y por eso despertó mi curiosidad. Me gustan las locuras, la vida me parece más divertida experimentando cosas nuevas y diferentes de vez en cuando.

Las dos personas que me hablaron de este curso de meditación me contaron un poco en qué consistía y me dijeron que el curso había tenido un impacto muy positivo en sus vidas y en la de otras personas que conocen, así que pensé que quizás un día me gustaría experimentarlo.

 

¿Qué es Vipassana?

Como me quedé muy intrigada, busqué información para saber más sobre este curso, que se llama Vipassana. Esta palabra significa “ver la realidad tal y como es” y es el nombre de una de las técnicas de meditación más antiguas de la India, y la que enseñaba Gautama Buda hace 2.500 años.  Se dice que Gautama Buda consiguió llegar a un estado de iluminación utilizando esta técnica, que se enseña durante los 10 días que dura el curso Vipassana.

Por cierto, para quien no lo sepa, Buda significa iluminado, y Gautama es su nombre. Este señor fue el que inspiró la religión Budista y lo curioso es que él no era partidario de seguir ninguna religión, ni siquiera el budismo, que a parte ni siquiera existía todavía cuando él vivía. De hecho, como práctica espiritual Gautama aconsejaba a las personas practicar la meditación a través de la técnica Vipassana.

Esta técnica consiste básicamente en observar las sensaciones del cuerpo. Así es como llegó él a sus conclusiones, meditando constantemente desde los 5 años, y así es como cada uno puede llegar, según él, a conocer la verdad que se encuentra dentro de nosotros. Esta verdad se podría resumir en la consciencia de que todos somos uno y de que nuestra esencia es amor incondicional. Esta consciencia lleva a una vida regida por la compasión y el amor hacia uno mismo, hacia todos los seres y la creación. Eso es lo que el Budismo – y en esencia todas las religiones- enseñan. Aún así, como he dicho, Buda era partidario de no seguir ninguna religión o creencia, sino de experimentar esas verdades dentro de ti a través de la meditación.

 

Vipassana

Imagen de Buda enseñando Vipassana a sus alumnos

 

¡Es gratis!

Algo que me llamó mucho la atención y que me gusta mucho de este curso de 10 días es que no hay que pagar nada ya que está subvencionado por las donaciones de antiguos alumnos. Es decir, puedes comer, dormir y asistir a las clases aunque no tengas recursos, lo cual lo hace accesible para todo el mundo que pueda conseguir 10 días libres y reservar con unos 3 meses de antelación a través de la web. Los centros Vipassana se encuentran por todo el mundo y hay unos 100. Todo esto fue posible gracias al trabajo de Goenka (1924 – 2013), un hombre de negocios que fundó centros por todo el mundo después de que su asistencia a un curso Vipassana cambiase radicalmente su concepción de la vida.

Así que… volviendo a mi historia, decidí que un día me gustaría vivir la experiencia de asistir a un retiro Vipassana y lo puse en mi lista de cosas que hacer. Mi motivación para asistir al curso era experimentar la meditación y todos sus beneficios y conseguir instalar un hábito regular en mi vida, cosa que no he conseguido demasiado. Quien sabe si algún día. Los beneficios que se atribuyen a la meditación son, entre otros: mayor claridad mental, más paz interior, más estabilidad emocional, más adaptación al cambio y en resumen, una actitud y filosofía que llevan a una vida más harmoniosa y feliz.

La cuestión es que al final pude asistir a un curso el mes de abril de 2016, y he decidido compartir mi experiencia por si os pudiese servir de inspiración.

 

Poniendo a prueba mi paciencia

Creo que lo que más practiqué en este curso fue la paciencia infinita. La verdad es que me costó mucho estar meditando tantas horas. Mi mente no quería y mi cuerpo tampoco. Me ponía a pensar en lo que hice, en lo que quería hacer, y me tenía que recordar todo el rato que estaba ahí para estar ahí presente, para no pensar, no para planear ni para recordar. Y eso requiso mucha, MUCHA paciencia.

Ya te dice Goenka (quien es el profesor a través de grabaciones) que la mente es como un cachorro al que hay que educar, hay que tener paciencia con él e insistir hasta que aprende. Pues así es. El reto consiste en insistir a tu mente para que esté en el presente y sobretodo, en no enfadarte ni frustrarte por ello. Lo difícil para mi fue eso, no frustrarme, no impacientarme, no tener ganas de que se acabase de una vez, aunque no fue todo el rato difícil, solo en algunos momentos. Por supuesto cada experiencia es diferente y cada persona lo vive de una manera distinta.

Durante el curso te levantas cada día a las 4 de la mañana y a las 4:30 tienes que estar meditando y no dejas de hacerlo, a parte de las pausas, hasta las 9 de la noche. En total, se supone que tienes que meditar 10 horas al día, aunque hay que decir que de esas solo 3 son obligatorias en la sala de meditación, el resto, puedes meditar en tu cuarto, o en su defecto si estás harta, como me pasaba a menudo a mí, dormir. Para mí, lo más complicado de todo fue justamente el tener que meditar tantas horas. (Lo digo como si fuese raro, ¿a quién no le cuesta estar sentado sin hacer nada – ni siquiera dormir – durante un monton de horas?).

Había otras normas que quizás costarían a mucha gente como: no hablar, no mantener relaciones sexuales, no robar, no matar (no se refería solo a matar personas, si no que la comida era vegetariana, no estaba permitido comer animales ni matarlos), no mentir y no tomar intoxicantes. Pero para mí ninguna de esas fue muy difícil porque no estoy excesivamente enganchada a ninguno de esos comportamientos. (Bueno, al de matar sí, pero es secreto… )

Fue difícil pasar tantas horas sentada intentando meditar, pero de eso se trata: de ponerte a prueba y de practicar, practicar, practicar, hasta que vaya siendo cada vez un poco menos difícil. Y así fue, aunque tengo que admitir que cada día que pasaba estaba contenta de que quedara un día menos para acabar el curso.

 

Los momentos más agradables

Para mí los mejores momentos del curso fueron esos en los que no estaba meditando, es decir, la hora de comer, los descansos y el discurso diario de Goenka en vídeo. Fui para cogerle el gusto a meditar y justamente le cogí más bien un poco de repelús. Tampoco es que meditar fuese tan traumático, simplemente me costaba estar tanto rato quieta y atenta y me frustraba a veces al ver lo difícil que me resultaba. A veces me costaba no quedarme dormida, no desear que se acabase ya, no cabrearme por tener que estar quieta pese al dolor. Siento que tal vez algo no hice bien si no pude disfrutar de la meditación. Pero también creo que no hay forma de hacerlo bien o mal, cada cual tiene la experiencia que tiene y está bien para esa persona.

Pero en mi caso no disfruté de la meditación, más bien fue un poco martirio y por eso disfrutaba tanto de las pausas. Además, ¡la comida estaba buenísima! La hora de comer me hizo también darme cuenta de que en algunos momentos tenía cierta ansiedad y la saciaba comiendo más de la cuenta, es decir, más de lo que mi cuerpo realmente necesitaba. De hecho, aunque solo se come 3 veces al día: una a las 7h, otra a las 12h y otra a las 17h, no tenía hambre más que a la hora de desayunar. En el resto comía más bien por la necesidad de sentir un poco de placer y de entretenimiento en mi vida en esos días de monotonía meditativa.

 

S. N. Goenka, fue uno de los principales maestros de la meditación Vipassana

S. N. Goenka, fue uno de los principales maestros de la meditación Vipassana.

 

También esperaba con muchas ganas el momento del día en el que te ponen un vídeo de 1 hora en el que Goenka explica la técnica y toda la filosofía que hay detrás de ella. La verdad es que me pareció muy interesante todo lo que contaba. Aún así, algunos de sus discursos hablaban bastante de la muerte y de la parte más dura de la vida, lo cual me hizo tener muy presente esa parte de la vida durante algunos días. Considero esto como algo positivo. Saber y ser conscientes de que vamos a morir puede ser una gran motivación para disfrutar de la vida y de los seres que amamos mientras están ahí. Pensé mucho en mi familia y en lo que los quiero, y en lo importante que era que fuesemos todos conscientes del hecho de que un día todos moriremos. Un día algunos de nosotros enterraremos a otros y nos iría bien mantenernos en pie y recordar que el que se va desea que sigamos adelante y seamos felices. Pensé en decirle eso a mi familia.

En general, pese a esos momentos de reflexiones duras, los discursos de Goenka me daban la motivación necesaria para seguir insistiendo en intentar meditar todas las horas que pudiese. Aún así, en muchos momentos me escaqueaba y me iba a dormir a mi habitación, pero a medida que pasaban los días intentaba meditar más horas y dormir menos.

 

Despertando las sensaciones sutiles de mi cuerpo

Algo que noté mucho al cabo de los días de practicar constantemente la atención a las sensaciones de mi cuerpo es que al acostarme por las noches, solo con estirarme en la cama y relajarme, sentía de manera bastante intensa un cosquilleo por todo mi cuerpo. Estas sensaciones siempre habían estado allí, pero al no prestarles demasiada atención no las notaba tan claramente como después de varios días de meditación. Esto me llamó la atención, sobretodo porque me di cuenta de que cuanto menos intentas hacer, cuando simplemente te relajas sin intentar prestar atención a nada, es cuando más sientes eso que se supone que estás buscando sentir durante la práctica de la meditación. Al final, creo que meditar debería ser simplemente explicado así: relájate totalmente y no trates de hacer nada, solo siente.

Lo digo porque mientras estaba “intentando” meditar e “intentando” llevar mi atención a las partes del cuerpo, a veces me costaba mucho más sentir las sensaciones que cuando simplemente, me tumbaba en la cama antes de dormir, sin pretender nada. Creo que es una reflexión que se puede trasladar a otros aspectos de la vida. Cuando haces las cosas sin esfuerzo, sin luchar, dejándote llevar, es cuando mejor salen. Cuando fluyes sin grandes esfuerzos.

 

Autoconocimiento

Algo que haces durante estos días de curso es ser consciente de cómo eres, como reaccionas, qué te cuesta más, que te cuesta menos. Es decir, te conoces un poco más a ti en ese momento determinado de tu vida.

Yo me di cuenta de algo que en el fondo ya sabía: no me costaba en exceso estar desconectada de los demás, sobre todo si estos demás son desconocidos como era el caso. Sin embargo, sí que me costaba no expresarme conmigo misma, y en algún momento tuve la necesidad de hacerme discursos internos, sentí ganas de cantar, de gritar, de expresar algo, pero tenía suficiente con expresármelo a mí misma.

Me di cuenta también que después de los 9 días de silencio, cuando ya podíamos hablar, me costó un poco lidiar con conocer a gente y me sentí insegura y con miedo a ser juzgada. Supongo que después de tantos días conmigo misma me costó volver a lo social y se resaltó ese aspecto de mí que es la inseguridad en ciertos momentos de interacción social. Y el juicio a mi misma al compararme con los demás: no soy tan divertida, tan extrovertida, tan segura de mi misma, tan atrevida, tan aventurera, tan… como tal o tal persona. Mi vida no es tan… como la de tal o tal persona. Esa locura de la comparación que está en mí y que me jode bastante.

 meditacion

 

 

Mantener la práctica de meditar

Uno de mis objetivos de este retiro era mantener la práctica de meditar cada día un rato. Pensaba que después de meditar casi 10 horas al día, media hora o una hora iban a ser pan comido. Pero no fue así. La verdad es que, como he dicho un poco más arriba, desarrollé un poco de aversión a la meditación y no tenía muchas ganas de seguir meditando.

La cuestión es que pese a que tenía pocas ganas de sentarme y observar las sensaciones, lo seguí haciendo bastante regularmente durante unas semanas. De hecho, actualmente lo hago a veces pero no siguiendo la técnica Vipassana, si no que hago relajación durante unos minutos, muchas veces después de practicar yoga. Simplemente me apetece más eso que sentarme a propósito y quedarme quieta una hora siguiendo un orden determinado de observación.

Ahora mismo me cuesta, y no creo que sea necesario forzarme. De hecho, quizás esta técnica no sea para mi. Tal vez a algunas personas les funciona y a otras no. Pero si quisiera seguir intentando y probando suerte una opción que tal vez probaría seria participar como voluntaria en un retiro Vipassana, lo cual es una opción para las personas que ya han participado. Cuando colaboras como voluntario solo meditas 3 horas al día y el resto haces otras actividades e incluso puedes leer libros, aunque todos relacionados con Vipassana.

 

Inspirada por la filosofía del curso Vipassana

Algo que he notado mucho después de hacer el curso de Vipassana, no sé si por las horas en las que he estado sentada en silencio o por los discursos de Goenka, o vete tú a saber por qué, es que estoy más inspirada y motivada que antes del curso para contribuir a un mundo mejor, más amable, más solidario, más compasivo. Y sobretodo para ser libre y vivir la vida que deseo.

Te insisten mucho en que lo que le haces a los demás te lo haces a ti mismo. Si sientes algún sentimiento de odio, rencor o cualquier emoción negativa hacia alguien, el primero en sufrir eres tú. Tú puedes elegir observar esa emoción, que es también una sensación física, y no reaccionar a ella hasta que pase. Si reaccionas a ella acabarás haciendo daño a los demás y a ti mismo y esa sensación seguirá apareciendo a menudo. Pasa igual con lo contrario, cuanto más amor des, cuanto más bien hagas a los demás, mejor te sentirás, más feliz serás. Yo siempre he pensado que alguien que hace daño a los demás, en el fondo no puede ser feliz, y parece que esa teoría concuerda con las enseñanzas de Vipassana. Lo que Goenka cuenta se basa en una filosofía de vida que me encanta porque hace que todo parezca más simple: si quieres ser feliz, haz felices a los demás.

Asistir a este curso también me ha ayudado a tomar más consciencia de que todo pasa, todo. Es algo en lo que insisten muchísimo. Ello te sirve para darte cuenta de que lo doloroso pasa. Ser consciente de que el dolor es temporal lo hará más llevadero. Y por otro lado que lo agradable también pasa, así que en lugar de aferrarnos a ello y temer por su fin, lo mejor que podemos hacer para no sufrir es simplemente disfrútalo al máximo mientras dure. Si somos conscientes de que ese algo agradable iba a terminar, cuando termine simplemente lo dejaremos marchar sintiendo paz y aceptando lo inevitable.

Se puede resumir en que todo en la vida es impermanente excepto el cambio, que es constante. Aceptar el cambio y aprender a adaptarse a él y a vivir con él es la clave para salir del sufrimiento. Y salir del sufrimiento o disminuirlo es el objetivo de esta técnica de meditación.

 

Lo que he notado en mi vida

Creo que posiblemente Vipassana puede haber contribuido a mejorar mi actitud dejándome claro algunos conceptos y tal vez actuando en mi de alguna forma sutil a través de la meditación.  O no. Según Goenka, mientras meditas y te mantienes ecuánime a lo que sientes, algunos patrones de reacción inconscientes desaparecen. Es decir, cuando no reaccionas ni con apego ni con aversión al placer o al dolor, tu cuerpo y tu mente se reprograman para no reaccionar ni con ansia de más ni con ganas de huir a situaciones de la vida cotidiana. Es como si practicaras en el marco físico de tu cuerpo una actitud de ecuanimidad, de aceptación, para llevarla a tu vida diaria.

Para que se entienda mejor: cuando meditas y te duele algo, tu objetivo es observar ese dolor y no reaccionar a él, es decir, no maldecirlo, no querer huir de él, no juzgarlo como malo, no lloriquear, no autocompadecerte. Si consigues simplemente decirte: “vale, eso me duele, a ver cómo se siente ese dolor, vale, siento esto, de acuerdo, lo acepto” y logras observarlo sabiendo que es impermanente y que pasará, tu cuerpo y tu mente van a aprender a hacer lo mismo cuando un dolor emocional o físico se cruce en tu vida. Cuando te pase algo doloroso, podrás observarlo y saber que pronto pasará, aceptarlo, respirarlo, sentirlo y esperar a que pase. Aunque no es fácil, sobretodo si es un dolor muy intenso.

Goenka dice en uno de sus discursos que tarde o temprano, todos nos encontramos en nuestra vida cara a cara con el dolor y con el sufrimiento. El objetivo de esta práctica es precisamente ayudarte a sobrellevarlo y a sobreponerte lo antes posible cuando esto pase. También dice que el sufrimiento no entiende de dogmas, es universal, y por eso esta práctica se dirige a todas las personas, sin importar religión ni creencias.

 

Estatua de Buda

Estatua de Buda

 

Según Goenka y quienes practican este tipo de meditación, esta programación o limpieza de tu cuerpo y de tu mente se hace siempre que consigues observar una sensación y mantenerte ecuánime a ella. Así que simplemente con esos 10 días de Vipassana practicados con una actitud de aceptación del dolor y del placer, ya deberías notar un cambio en tus reacciones de la vida cotidiana. Por ejemplo, notar que reaccionas con menos enfado, con menos frustración, con menos tristeza o con menos miedo a algunas situaciones de la vida.

Dudo que esto sea algo que en 10 días tenga un efecto notable, pero para cada persona será totalmente diferente. En mi caso sé que me queda bastante para ser alguien que acepta y enfrenta con ecuanimidad todas las sensaciones y emociones de la vida.

 

Las expectativas no son recomendables

La verdad es que tenía unas expectativas muy grandes puestas en el curso y que esperaba algún momento de iluminación, alguna experiencia mística o algo así, pero no ha sido el caso. Aún así hay algunas personas que sí que tienen momentos muy profundos durante los cursos de Vipassana. Sin embargo, si quieres asistir a un curso creo lo mejor es hacerlo con el mínimo de expectativas posible y simplemente experimentando cada momento y viendo como lo vives tú. Así te aseguras de no decepcionarte, y quizás te llevas una grata sorpresa. De hecho, no tener expectativas ante nada es difícil pero muy recomendable como una actitud para la vida en general. Estar abierto a la sorpresa, saber que posiblemente nada será como te lo habías imaginado.

En general, muchas personas, aunque atravesando momentos difíciles durante los 10 días en los que solo tienes ganas de huir o de que se acabe ya, consideran que en general la experiencia tiene un impacto positivo en sus vidas. Tomarse 10 días para uno mismo y para escucharse en un mundo en el que muchos no paran ni un minuto para estar consigo mismos, puede ser muy útil.

Como conclusión final diré que para mí ha sido una experiencia algo dura pero muy interesante que me ha ayudado a tomar consciencia de algunos aspectos de mí y de la vida.

Aunque parezca una gran locura, estar 10 en silencio puede ser una experiencia muy interesante.

Si te interesa saber más sobre los retiros Vipassana o participar puedes consultar esta web: https://www.dhamma.org/es

 

¿Y tú te conoces a ti mismo/a? ¿Te plantearías participar en un retiro Vipassana?

 

Gracias por leerme. Sé feliz.

 

Cambio de actitud y de alimentación para combatir el cáncer

Hace dos años me leí el libro Mis recetas anticáncer de Odile Fernández. Aunque por su título parezca que es un libro de recetas culinarias, no lo es.  Mis recetas anticáncer cuenta la historia de Odile durante su recuperación del cáncer con metástasis que le habían diagnosticado. El libro me pareció fascinante, porque, aunque ya había leído o escuchado testimonios de personas que se habían curado de un cáncer en estados avanzados gracias a cambios radicales en la alimentación, nunca había leído un testimonio de una persona española, que además fuese médico y que encima aportase tantos estudios científicos que mostraran la lógica de su recuperación.

En su libro Odile cita numerosos estudios científicos que explican por qué los cambios en su estilo de vida cuando le diagnosticaron cáncer con metástasis, ayudaron a su recuperación. Es un libro genial y lo recomiendo a cualquier persona, ya que el cáncer es una enfermedad cada vez más frecuente y tarde o temprano alguien de nuestro entorno lo padecerá.

La autora del libro, Odile Fernández es una médico de familia española que el 2010 fue diagnosticada con cáncer de ovario y a quien le informaron de que tenía metástasis en sacro y pulmones. Esto, en medicina convencional quiere decir básicamente: te vas a morir pronto de cáncer, y con la quimioterapia vamos a intentar alargarte la vida. Es decir, su pronóstico no era nada esperanzador.

Seguir leyendo

Una alimentación vegetal y cruda contra la diabetes

En el dia Mundial de la Salud 2016 la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha centrado en concienciar sobre la diabetes, una enfermedad considerada ya una epidemia. Quería aprovechar la ocasión para hablaros sobre un documental que vi hace un tiempo, que me pareció ultra interesante y que trata de la relación entre la diabetes y la alimentación.  La película se llama  Simplemente Crudo: Revirtiendo la diabetes en 30 días.

Este es un tema que me toca bastante de cerca, porque mi abuela tiene diabetes y cuando la veo pincharse insulina pienso que tiene que ser duro e incómodo tener que hacer eso para sobrevivir. Para empezar, las agujas dan mal rollito, y además, depender de un medicamento para mantenerse vivo es poco deseable.

La OMS advierte de que el número de personas con diabetes se ha cuadruplicado entre 1980 y 2014. Y que en el último año se han diagnosticado a 422 millones de personas en el mundo con esta enfermedad, que es causada en la mayor parte de los casos por un estilo de vida sedentario y una mala alimentación.

Por eso, el tema que trata este documental es esencial para que veamos hasta qué punto la alimentación es esencial para prevenir enfermedades como la diabetes. En  Simplemente Crudo  se selecciona a varias personas con diabetes y se las lleva a una casa apartada en un entorno natural. Allí un grupo de médicos, nutricionistas y naturópatas las someten a una alimentación 100% vegetal cruda y orgánica durante 30 días.

Seguir leyendo

7 fáciles pasos para comer más vegetal y menos animal

“Que tu alimento sea tu medicina, y tu medicina sea tu alimento”  Hipócrates, médico de la antigua Grecia.

En mis 7 años de vegetariana muchas veces, cuando le he dicho a alguien que no como carne, pescado  (y normalmente tampoco derivados de animales), me han preguntado con cara de susto ¿entonces, qué comes?. La cosa es que la gente a veces se extraña tanto que me hace dudar a mi misma de si como algo o si llevo 7 años viviendo del aire. Por suerte, como verás a continuación, hay mucho que comer en el reino vegetal.

Comer mucha fruta y verdura es básico para mantenernos sanos y prevenir enfermedades. En general en los países desarrollados abusamos de los productos de origen animal y de comida procesada, comemos carne o pescado varias veces al día y no suficiente cantidad y variedad de vegetales.

Este post va dirigido a cualquiera que necesite un poco de inspiración para aprender a disfrutar de los vegetales de forma saludable. Si sigues estos 7 pasos habrás conseguido añadir a tu vida más frutas y verduras de forma saludable y sin sufrir.

Seguir leyendo